Parking subterráneo de Villa Biarritz divide a los vecinos

Unos lo apoyan por falta de espacio, otros dicen que destruirá el parque
Aunque presentado como la solución para el problema del tránsito en Pocitos y Punta Carretas, el único estacionamiento subterráneo proyectado que tuvo hasta ahora una oferta fue el de Villa Biarritz, y generó posiciones encontradas entre los vecinos. Mientras unos celebran tener una solución para dejar su vehículo, otros piensan en movilizarse en contra de la licitación para preservar el espacio verde y el ritmo de vida del barrio.

El martes a media mañana el bullicio del tránsito, sumado al de la feria, había tomado la zona. Al caos de la circulación contribuían autos estacionados en las veredas. Una decena se acumulaban sobre la plazoleta ubicada en la esquina de Leyenda Patria y José Ellauri.

Justamente la falta de espacio para estacionar es lo que lleva a algunos vecinos a defender el proyecto. Para Eduardo, vecino del parque, es "imprescindible". "Nunca hay lugar para estacionar", coincidió Alejandra, que vive en Villa Biarritz desde hace dos años.

Mientras atendía su puesto de verduras, Ángel, uno de los feriantes, aseguró a El Observador que contar con ese espacio beneficiaría también a los comerciantes, que deben dejar sus vehículos a varias cuadras.

"Después de que esté funcionando tenés los autos entrando y saliendo, entonces deja de ser un recreo", dijo Miriam, una vecina del barrio

Según explicó Eduardo, son muchos los autos que deben pasar la noche en la calle y los robos son moneda corriente, por lo que contar con un parking mejoraría también la seguridad.
Sin embargo, otros vecinos no están dispuestos a sacrificar "la única isla verde en el mar de cemento de Pocitos, Trouville y Punta Carretas para liberar las calles", escribió Marcello Figueredo en una carta enviada a El Observador.

La idea de la intendencia es construir debajo del parque un lugar para entre 500 y 800 vehículos, y dar la posibilidad de instalar comercios sobre la superficie. El predio licitado comprende el terreno delimitado por las calles Juan Apolant, Leyenda Patria, Pandit Nehru y Vázquez Ledesma. En caso de que se concrete, la concesión será por 30 años.

La única oferta que se presentó para explotar el estacionamiento será evaluada ahora por la comisión técnica de la intendencia y después pasará por el Tribunal de Venta de la IMM, a quien le corresponde la adjudicación del proyecto.

Entre detonaciones y martillos

"Yo hace 40 años que vivo en el barrio, ¿no hay otra manera de solucionar?", cuestionó Nora, que paseaba por la feria, escuchó nombrar el megaparking y quiso dejar clara su postura. "Hay unas araucarias maravillosas; viene gente del barrio, de otras zonas, turistas, ¡sería un crimen que sacaran este parque!", sentenció.

La duración de las obras, con sus maquinarias y el cambio en el uso del lugar luego de terminada son algunas de las cosas que más preocupan a los vecinos.

Según la arquitecta Gabriela Pallares, la construcción de un estacionamiento subterráneo implicará anular el parque durante mucho tiempo, colocar vallado, que haya detonaciones y martillos neumáticos de continuo. La idea del estacionamiento subterráneo se saltea –a su juicio– varios pasos y duda de que después se pueda volver al estado actual.

"Estacionamiento tienen que hacer sí o sí, si no hay donde estacionar. Va a venir bien", apuntó Ángel, un feriante de Villa Biarritz

La noticia del proyecto de megaparking circuló por el grupo de WhatsApp que comparten los usuarios habituales del parque, contó Natalie, que estaba esa mañana en Villa Biarritz paseando a sus perros. Las reacciones fueron en general negativas, dijo.

"Algo lindo que tiene esto es que dentro de un barrio que hay mucho tránsito se genera un espacio de tres o cuatro manzanas que es como un respiro de la ciudad", destacó mientras se agachaba de tanto en tanto para recoger y volver a tirar el frisbee con el que el perro jugaba.

En su opinión, eso se perderá con las excavadoras y tampoco será recuperable una vez que el flujo de tránsito se instale debajo del parque. En el mismo sentido argumentó Figueredo en su carta: "No hay que ser muy perspicaz para adivinar que resignaremos calidad de vida, puestos de trabajo y dinero, todo ello después de sobrevivir al impacto brutal de unas obras que durarían, dicen, tres años. Parece evidente que seríamos demasiados los que perderíamos mucho, a cambio de que unos pocos ganen demasiado".

Figueredo aseguró a El Observador que algunos vecinos comenzaron a expresar su postura contraria a la obra en las redes sociales y que se está en una etapa de sensibilización sobre el tema en el que pretenden dialogar con feriantes y con la Comisión de Patrimonio para plantear la necesidad de preservar el lugar.

"No sé si es la mejor forma. La idea no es arreglar una cosa para que se desarregle otra", reflexionó Walkiria, otra vecina.

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